Consejos

Cuando terminemos de tocar, como postura de compensación para relajar, nos ponemos de pie y colocamos el cuerpo respirando cómodamente, que el aire entre y salga con facilidad. Extendemos los brazos dejándolos caer, ponemos las palmas de las manos hacia delante con los dedos extendidos y respiramos lenta y profundamente un par de veces dejando que se estiren la espalda y el cuello. Al final de cada clase podrán hacerlo juntos profesor y alumno para empezar a crear la costumbre de hacerlo sistemáticamente después de cada sesión.


La digitación que aparece en los libros hay que tomarla siempre como una sugerencia, no como una obligación. A veces nos va a ser de gran ayuda para resolver un pasaje, pero si no nos resulta cómoda hay que buscar otras posibilidades. Todos los cuerpos son diferentes y hay que buscar el mejor resultado para cada uno. A menudo, después de probar varias digitaciones, nos quedamos con la que habíamos empezado, pero el mero hecho de haber buscado, la va a afianzar, ya que va a ser la elegida por nosotros mismos y va a memorizarse con más facilidad.


El alumno debe preguntarse por el resultado al terminar de tocar, revisar mentalmente cómo ha salido cada parte de la pieza, para corregir o mejorar lo que no le ha gustado, o para procurar seguir haciendo igual lo que sí le ha parecido bien. En las clases es interesante que lo haga con el profesor y que procure expresarse con propiedad y no con vaguedades. Nuestro pensamiento se realiza con palabras, con frases, así que es importante desarrollar el discurso para nutrirlo, para que enriquecerlo. Después hay que dejarlo que se empape del instinto emocional y así construir el discurso musical.